7 dic. 2010

Chocolate explosivo

Hace un tiempo nos equivocamos, la situación se estaba tornando un tanto insegura y las opciones a tener en cuenta eran pocas, aunque, sin temor a mentir sobre la realidad más sincera; solo teníamos dos alternativas.
Mi inseguridad es una faceta que me absorbe, que hace que siempre tenga miedo, (o la mayoría de las veces), y otras, sienta que lo que vivo o tengo, no lo merezco y no cambio de postura frente a ningún concepto. Esa actitud puede ser vista desde varios puntos de vista, puede que sea tomada como una muestra de debilidad, como una fuerza exterior que me dormina, como una causa de mi tortuoso pasado o bien, como una pavada sin importancia. Curiosamente, en ese momento, yo estaba segura. Absolutamente.
Es sabido también que las contradicciones forman una parte importante de la vida y, con ellas, puede que todo tenga sentido o finalmente, lo pierda para siempre. Y éste no es el ejemplo de las excepciones.
Él tenía miedo. El fracaso es un temor inmenso, una condena futura que te derrota en el presente y una forma premeditada de creer que estás andando por un mal camino. Además, lo único que lo motivaba, era seguir estando bien conmigo.
Recuerdo que discutimos, que mis no se transformaron en rutina, y que sus si llegaron a ser escuchados hasta en los oscuros cráteres de la luna, y recuerdo también que pasamos uno de nuestros peores momentos. Largos días donde ninguno de los dos dormía y fines de semana desperdiciados colmados de tanta basura que, luego, llegó a hacer de nuestros sueños, la mejor oferta de su vida. Era demasiado, era agoviante, estresante, frustrante, odioso, e insoportable. Hasta que lo decidimos.
En temas de ésta índole, una de las partes siempre se retira, deja de lado sus pensamientos y apoya las creencias del otro, se aleja de sus tácticas y deja a la otra mitad, fomentar sus estrategias. Le dije que si, (aunque el convencimiento jamás formara parte de la respuesta).
Lo hicimos. Dejamos todo y fuimos a otro lugar, a otro ambiente a otro espacio, a otro ámbito...llegamos a la puerta del infierno.
Nunca debe de creerse que un sueño puede más que las espectativas de la vida, ni que mañana finalmente te dirá que hoy nunca ha existido... y mucho menos existe la posibilidad de volver atrás cuando algo ya ha sido decidido. No se puede, lo sé porque lo vivo, porque lo sufro y porque es una verdad que convive conmigo.
Anoche le dije que estaba triste, que me sentía cansada, que la navidad es algo que para mi ya no tiene sentido, pero que, muy a pesar de eso, necesitaba encontrarle uno nuevo. Un toque distinto, una luz que brille, un fundamento importante o quizás, solo necesite creer que la posibilidad de que todo sea distinto...realmente existe.
Me dijo que sí, que en algún punto le pasaba lo mismo, que deseaba que lo que estamos esperando se haga tangible y que luego, podamos irnos, volar y volver a ser y por sobre todo, sentirnos libres. Quise llorar, es más, estuve a punto de hacerlo. Pero no pude. No me dejaron hacerlo...
Desvió el auto hacia mi heladería preferida y, sin decir nada nos bajamos en silencio. Creo que ambos pensábamos lo mismo, y que los nudos de nuestras gargantas impedían que lo dijéramos, aunque también estoy segura de que ninguno de los dos quiso hacerlo.
En sus ojos leí que me pedía perdón, que la decisión de ese tiempo había sido suya y que, de haberme escuchado, nuestra realidad, hoy, sería completamente distinta. En mi alma leyó la respuesta, y en mis labios encontró la resurrección de todo lo que sentimos.
Entramos al local y me preguntó que helado quería, (la respuesta es por demás de conocida, "uno chiquito, estoy haciendo dieta"), y su contra respuesta ni hace falta decirla..."un cono doble por favor"...
Al mirar la variedad de gustos, como siempre, él se detuvo en chocolate, y yo, en dulce de leche...
Chocolate explosivo...decía uno de los gustos...
Miró a la chica que nos atendía y a mi al mismo tiempo, y, al instante hizo su pregunta...

-Qué, viene con cuetes para las fiestas?

Entonces ocurrió el milagro... Me deshice en carcajadas audibles hasta en la china y me ahogué en llanto, (en ese que surge siempre que me tiento demasiado),  tan solo por haber oído una de sus tantas ocurrencias...(aún hoy, esta mañana, sola y en el colectivo, tuve que contener la risa para que nadie me escuchara).

Puede que nos hayamos equivocado, (porque de una manera o de otra los errores también son compartidos), pero eso también le da valor a las cosas. Hace que sepas que no estás solo y que el perdón suele tener su costado bonito, que las relaciones son difíciles, pero que si hay una base sólida, el resto es cuento conocido...
Estamos juntos y eso, nos llevará siempre por el  mejor camino...


Adoro la capacidad que tiene de darme tanto...con tan poco...

4 comentarios:

  1. QUE BELLEZA!
    esta entrada realmente tiene esas cosas lindas que te hacen valorar la vida las situaciones que se viven día a día creo que no hay palabras viqui, ojala que este trayecto del blog siga, me gustó mucho :)

    Un beso grande!

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  2. Linda mirada a las pequeñas cosas, esos detalles que lo hacen grandioso.

    Feliz nuevo blog.

    Un abrazo

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  3. y nada es mucho mas de lo que ella me puede dar..

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  4. Tengo algo para decirte, me encanta la forma en que escribes, las historias que cuentas las entiendo y aunque son entradas de hace tiempo, sé lo sentiste y te entiendo completamente.

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Gracias...